“No tenía manos para vender tantos diarios”

Fue casi un barra en los 90, este año cumplió 50 de canillita vendiendo el diario, y se dio el lujo de ver a su Colón campeón. La historia de Manuel Cámara, contada desde sus inicios hasta el día de la consagración.

El camarógrafo de TyC Sports no le presta demasiada atención a ese muchacho que, pegado al alambrado, le grita desaforadamente. “¡Hoy ustedes con Francescoli se comen cinco!” le lanza el hincha. El cámara no da mucha importancia y sigue con su trabajo. El Cementerio de los Elefantes es un hervidero, y antes de la media hora de juego Colón ya le gana 3 a 0 al River de Ramón Diaz. El camarógrafo no lo puede creer; luego del tercer gol, concretado por Marcelo Saralegui, se da vuelta y el comentario de su partenaire de la tarde no se hace esperar: “Vos acordate. Después del quinto da vuelta la cámara y filmame a mí.”

Dicho y hecho. Luego del tanto de Cristian Castillo, que puso el 5 a 1 definitivo, nuestro camarógrafo enfoca a un joven Manuel Cámara, con cabello oscuro y barbas largas, sin remera, festejando pegado al alambrado. Las imágenes aun pueden revivirse en las distintas plataformas de internet, para todo aquel que quiera no solo recordar aquella hermosa tarde del 11 de mayo de 1997, sino también ver el rostro encendido de Cámara ante la televisión.

Y es muy probable, lector de El Litoral, que ese ferviente hincha le haya vendido a usted alguna vez el diario en la calle. Con su característica bicicleta, Manuel es uno de los tradicionales diarieros del sur y centro de la ciudad. Hoy su pelo y su barba reflejan con su blancura no solo su edad, sino la experiencia de vivir 50 años del oficio del canillita.

En el minuto 9:55 se puede ver el festejo desaforado de nuestro protagonista.

—Manuel, toda una vida vendiendo el diario El Litoral.

—Así es, empecé a los 11 años y estoy acá todavía.

—¿Se puede vivir vendiendo diarios durante tanto tiempo? ¿Cómo se hace?

—Es una lucha. Viví los mejores momentos en la década del 70, 80, se podía vivir, porque no había tanto digital, internet. Se leía mucho el papel. Me mantuve, tengo mi familia, mi casa, pero el tiempo va cambiando. Con todo el tema de internet y estos dos años que ya lleva la pandemia nos ha tirado un poco para atrás a todos. Estamos subsistiendo con los productos que hacen los diarios. Gracias a Dios he vivido, no para tirar manteca al techo, pero he vivido y he criado a mis hijas, a mi hijo. Todavía la sigo luchando.

De hecho, nuestro protagonista cuenta que la última vez que se tomó vacaciones fue en el año 1982. “Las últimas vacaciones que yo me tomé fueron en la Guerra de Malvinas, y después no paré más. Porque justamente viajé a llevarla a mi señora con mis hijos más pequeños a La Plata, que ellos tenían familia allá. Salgo un día antes y luego empieza la guerra” explica. Ante semejante hecho, inmediatamente decidió volver a Santa Fe a vender diarios, teniendo que dejar a su familia en la ciudad de las diagonales.

Manuel vive una vida sumamente sacrificada. Patea y pedalea día, tarde y noche la calle juntando el mango. Es cierto que, como señalaba, la explosión de internet en los últimos años afectó duramente a su trabajo. No obstante, lo que pasó durante el primer fin de semana de junio no se lo veía venir. Nadie podía prever semejante explosión y ansias por conseguir un diario.

“Uuuh, no tenía manos como para poder vender todos los diarios que me pedía la gente. Me pedían de a cinco, de a diez, de a veinte. Y me da vergüenza porque les decía ‘no te puedo vender’, primero estaban los clientes, y después el remanente que quedaba vendía de a dos o tres para conformar a la gente. Tendrían que haber hecho muchos más diarios, porque Colón vende” explicó el canillita. “No quedaron diarios ni para mí” sintetizó.

Una vida siguiendo a Colón

Además de ser fiel a su oficio, Cámara tiene un amor al que nunca le falló, y se llama Colón de Santa Fe. En ese sentido, Manuel destacó el trabajo de Eduardo Domínguez al frente de este plantel: “me gusta mucho porque juegan en equipo. Antes se te caían uno o dos soldados y no podías reemplazarlos. Domínguez supo hacer las cosas muy bien, parar bien al equipo, en menos de una semana se le habían caído dos jugadores titulares y supo como poner a los suplentes, que no eran suplentes, sino todos titulares prácticamente” señaló.

—Vos que pasaste muchas décadas con Colón, ¿viste algún equipo tan bueno como este?

—Hubo buenos equipos, sí. No recuerdo ahora muchos nombres, pero en la década del 70 Cococho Álvarez, Villarruel, Edgar Fernández. Pasaron varios jugadores, después vinieron Saralegui, Fuertes, muchos con el Coco Basile también, que jugaban muy bien al fútbol, pero quedaban ahí a medio camino.

En la década del 90, Cámara siguió muy de cerca las campañas sabaleras, acompañando al equipo a muchas canchas. Estuvo presente en 1993 frente a Banfield, además de innumerables viajes con la rojinegra puesta.

—¿Adónde más te tocó viajar o qué cosas hiciste por Colón?

—Viajé a todo el país. A Tucumán íbamos en tren desde Rafaela, íbamos colados para no pagarle al chanchito, como se decía. Íbamos en los fuelles. Llegábamos a Tucumán tarde, Colón ya iba perdiendo, y como a las 17.45 salía el tren de vuelta ya teníamos que volver porque si no teníamos que esperar tres días. Íbamos, veíamos 15 minutos y volvíamos. Eran cosas de jóvenes. Pero si, fui a todos lados, Mendoza, Jujuy; gracias a Colón recorrí toda la Argentina prácticamente.

Este campeonato fue una caricia al alma para él, como para muchos que vivieron las buenas y las malas. Esto incluye también a su mamá: “Mi vieja lo vio a Colón en el 65, salió en la tapa de El Gráfico ella, y a mí me perdió en los camiones, que yo tenía seis años. La abracé ahora a mi vieja, le digo ‘lo viste campeón a Colón’. La abracé a mi madre, que fue madre y padre para mí. Yo tuve que salir a los 11 años a vender el diario porque no teníamos. Iba a la escuela todavía y había que ayudar a mi madre. Hice colegio primario, llegué a tercer año y le dije a mi mamá basta. Porque vendía bien, ganaba plata. Se vendía, pegábamos unos gritos, en una cuadra se vendían 10 diarios.”

Tal vez Manuel, al igual que muchos, ya había perdido la esperanza de ver a Colón campeón. Este sabalero, que también estuvo en Paraguay (más por la insistencia de su hija que por convencimiento propio), hoy dice que ya cumplió su sueño. Así, en él se refleja el anhelo de todo un pueblo, el de miles de personas que hoy pueden decir que Colón es campeón.

Esta nota fue publicada en el diario El Litoral, para la revista de Colón campeón.

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